viernes, 28 de agosto de 2015

Fácil

Mientras la pasividad nos invita a ser cómplices del asesinato de la tierra,
¿Qué hacemos al quejarnos?
Regurjitar información que hemos analizado válida
Que nos incita a hacer acciones a las que ni nos hemos acercado,
Es como el que quiere que te drogues,
Pero no sabe que todo cambia cuando de verdad lo haces.
"Reflejándonos a nosotros mismos en la sangre de todos los seres que hemos asesinado"
Nos hablan las canciones de nuestros errores
Y las escuchamos con oídos vacíos
Y cerebros como sacos rotos.
Las escuchamos en individualidad,
Nunca en compañerismo,
Esa es nuestra manera de actuar,
Queremos dar solamente hasta cierto punto,
Siervos de nuestro derecho a equivocarnos,
Insistimos en hacerlo y autoperdonárnoslo,
Y al final lo normalizamos,
Lo hacemos nuestro, lo hacemos digno, lo hacemos normal.
Voy a equivocarme porque tengo el derecho a hacerlo,
y luego nadie más podrá toserme.
Pero es que nadie piensa en quien nunca quiere equivocarse,
Nadie piensa en las cadenas, nadie piensa en las miradas bajas,
No toda la lucha es fácil,
Igual que cuando uno nace, rodeado de sangre y llantos,
Porque abandona el vientre del sistema en el que está,
Tan cómodo,
Tan cerrado,
Sin dejar entrar a nadie fuera,
Nuestros campos de concentración son el resto del mundo,
Hemos hecho lo contrario a Auschwitz
Ya no encerramos a los demás,
Ahora nos encerramos a nosotros mismos entre bienestar y lujo
Y levantamos grande murallas para que el mundo de fuera no entre
A nuestra pequeña burbuja de confort y comodidez,
Y este esquema se repite en todos los ámbitos de nuestra vida,
Por eso cuando uno se dispone a explorar todas esas otras burbujas,
A intentar sacar a la gente de su zona de confort, de su sociedad hermética interna,
Va de rechazo en rechazo,
De decepción en decepción,
De traición en traición,
y sobretodo,
de duda en duda.

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