43 años, Carlos
Supongo que uno se siente invencible cuando está realmente orgulloso de su día a día, aunque no haga nada espectacular, aunque no se lo reconozcan. Jornadas 10 horas diarias y una casa que sacar adelante, parecía el gran reto que debía cumplir. Tampoco tengo padre al que demostrarle que soy tan hombre como él lo fue, ni mi madre podría recordarlo por culpa de esa maldición infernal que es el Alzheimer. Pero da igual, ya se dijo que levantar un muro perfectamente recto tiene tanto mérito como escribir un libro, y yo he hecho ambas cosas; Y he plantado mas de un árbol, desde luego; Y también tengo el hijo, más de uno, sí. No estoy en baja forma, aunque tampoco soy Bruce Lee, ¿Sabéis? Tengo mis pequeños vicios, como la ginebra, un vaso a la semana excepto si el trabajo ha sido duro que quizás son dos, me fumo un porro cada tres o cuatro días, todo por supuesto después de hacer todo lo que tenía que hacer durante el día. He leído a Marx, a Engels, a Bakunin, Koprotkin... en fin, no sé. Creía tener una vida bastante buena. Nunca esperé que un buen día llegara a casa y me encontrara a mi mujer llorando diciendo que tenía que dejarme por nosequé cantante de un bar de estos pijos que cantan en plan cantante de jazz pero mas pop maricón. ¿Me explico? Mi reacción no fue buena, me disculpo por mis hijos que tuvieron que verlo, pero me cabreé bastante. Y grité. Aunque no mucho, me calmé luego y empecé a llorar. Es cómo si quisiera arrancarme las venas infectadas por el angel con manos de veneno que tenía delante. Y me resignara al ver que llevaba 20 años corriendo por mis venas, y aunque quizás la generalización esté mal, no conoces a una persona hasta que no tienes 3 hijos con ella, o al menos eso pienso yo y que jodan a la oposición, estoy en mi puto derecho de sentirme así.
Así que cogí sus cosas y la eché de mi casa, le dije que no quería volver a verla y ella respondió algo como que lo entendía y pegué un portazo porque ella no entendía una mierda y por mucho que me duela reconocerlo sentí un gran impulso de pegarle por ese comentario de los cojones. No sé, esto no se hace. Total, que ese pedazo de gilipollas sin futuro tiene más valor que yo. Y será verdad. ¿Sabéis? Cometí más errores a partir de ahí, mi hermano tuvo que venir de su hogar a ayudarme con el tema de la ginebra, y se quedó aquí un par de meses hasta que nació su segunda hija y tuvo que volver. Me sentí realmente rechazado por la vida. Sentí realmente muchísimo asco por todo.
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