jueves, 31 de diciembre de 2015

Tánatos

Sino Tánatos ¿quién le robó el sueño? Sino su veneno, ¿quién le arrebata poco a poco su vida? Sino el verdugo, ¿quien deja ondear los filamentos al borde del precipio? Es tan gris... Si no negro. ¿Hay calor cerca de esa vida destrozada? ¿O es que la impecable guadaña se forja de frío? Como el ruido blanco que martilleará su cabeza, pulsada tras pulsada, paso tras paso, segundo a segundo, poco a poco se va acercando hasta tocar su puerta. ¿No respetarán los buitres un cuerpo ya en los huesos? ¿Querrán encima los cuervos cebarse con lo poco que queda de ella?

El enemigo es invisible, el oleaje ha dado fuerte contra la meretriz en paro, las herramientas de los soldados harán su labor en los labios del que dictamina las consecuencias de nuestras vidas. Rodeados de alimento de carroñeros, los generales sociales asesinan sonrientes el deseo de los infelices, el hambre del león amenaza con seguir hinchando cuerpos jóvenes, el desastre que surje de la forja de Vulcano trae agua y tifón, sequía y horror. Más aún, seres conscientes, hipócritas en su existencia sentencian el modo de actuar asesinando a sus espaldas. Y entre el torbellino, Caronte renta un barco de carga, porque no le basta con su barca de madera; Y se ha comprado un remo de oro.

Báñate, hija mía, en las aguas de la victoria que mereces, acaricia de una vez el rostro de Caronte y deja que te lleve tranquilamente a la otra orilla; Te has ganado a pulso el oro que te exigirá a cambio, y si no, te lo doy yo. Porque, sino Tánatos, sino el sino, ¿Quien se ha cebado contigo?