viernes, 31 de julio de 2015

Anónimo I

"Solamente el suspiro del último minuto de éxtasis entre roce y sudor, al que precede el miedo y el dolor, te define como humana;

Eres como el primer amanecer que yo contemplo, borracho, tras una noche de abuso; Eres como el primer trago de whisky por la mañana, absurda y placentera condenación al olvido prematuro; Eres como la absurda motivación de hacer algo con sentido por primera vez en años; Eres el bolígrafo que solamente escribe amargo, el trago que endulza mis palabras y el recuerdo que las vuelve a amargar;

Eres mi primera idea de amor,
el primer puñal en el corazón,
el primer disparo en la nuca,
pero no la primera decepción.

Tampoco mi primer dia sin pan,
pero sí el primero en que pasé hambre.
Tampoco mi primera lágrima,
pero sí la más pesada.
Tampoco mi primer beso,
pero sí el más pasional,
Tampoco eres el primer funeral,
pero sólo en el tuyo lloré.
Tampoco mi primer pensamiento sobre la muerte,
pero sí el más cercano.
Tampoco la primera vela que se apaga,
antes de consumirse lentamente.
Tampoco el primer vidrio que se destroza,
pero sí el primero con el que me he cortado.
Tampoco eras mi vida,
por ser, tampoco eres tu propia vida ya.
Tampoco eres quien me hará superar la muerte,
porque tu ida es la más dolorosa.
Tampoco puedes ya venir a verme,
porque hace tiempo que te pudriste para mi.


Y tampoco puedes ya existir,
porque tú y yo solamente compartimos un espacio y un tiempo que ya nunca más se repetirá.


Porque tú ya no eres tú, ni yo quiero volver a ser yo."

jueves, 30 de julio de 2015

Y yo que pensaba...

José, 24 años.

-¡¡Buah, tio, vaya fiestón!! ¡¡El precio ha merecido la pena!! ¡¡Esto está hasta arriba de tias!!
Las luces y el reggaeton barato me confundieron la principio. No era la primera vez que venía a uno de estos lugares, no era dificil para mi hablar con las tias, al fin y al cabo o lo son o se hacían las tontas, aquí dentro. Mi cara de hombre, mi barba rasurada de dos días y mis ojos profundos me regalaban un "¡Guapo!" de vez en cuando; Mi afición al deporte me regalaba un "¡Tio bueno!" alguna que otra vez. Lo que quiero decir, no era lo peor de allí, incluso podía codearme con lo mejorcito. Camisa, flequillo peinado hacia arriba, pantalones vaqueros flamantes, impolutos, chaqueta, zapatos, no me faltaba de nada. De absolutamente nada.



Entramos en una de las salas de aquella discoteca, un fétido gas con olor a la media botella de ron que llevaba en el cuerpo me inundó la boca desde el estómago solamente para avisarme de que algo iba mal conmigo, pero no le dí importancia. Hoy me habían convencido para volver a hacerlo, hoy volveríamos a vender nuestros cuerpos a la mejor postora mientras buscábamos un par de tetas y un culo bien encajado dentro de un vestido ceñido de estos que uno sabe ya lo que hay debajo antes de romper la cremallera arrancándolo, el mejor pasatiempo del mundo para un jueves ya anochecido. Y la noche iba bien, la noche iba cojonuda, cuando nos cerraron la barra libre yo tenía suficiente alcohol en vena como para tirarle los trastos hasta a la duquesa de alba, cuando se me puso delante el mayor pivón que había visto nunca y me dijo que si sabía bailar, su voz era, bueno, apenas entendible entre tanto ruido, pero su cuerpo, tíos, su cuerpo era perfecto, las mejores curvas que nunca había visto dentro de un vestido tan ceñido que no sé ni como podía respirar. Ni muy rellena ni muy delgada, había donde agarrar, había donde azotar. Y su cara, sus labios gruesos, su mirada penetrante disparada por unos ojos pintados con una raya como de gato, enmarcados por un flequillo corto, me dijo, tíos, que si sabía bailar.





Naturalmente, no sabía, pero supongo que ella tampoco ni que la mierda de música que sonaba se podría bailar bien, así que empezamos a rozarnos y en general a restregar mi polla por su culo. Sin ropa habríamos estado follando, el éxtasis me inundó y odié estar rodeado de gente porque me la habría estado follando tres dias seguidos... Pero, algo noté de nuevo que iba mal conmigo, algo noté allí dentro que fallaba. Miré alrededor, y me dí cuenta. Todos hacíamos lo mismo. Todos estábamos ignorando que teníamos una cabeza, todos estábamos humillando nuestro ser, reduciéndolo a ser una copia de lo que sale en televisión solamente para acostarnos con alguien porque eso nos han dicho que está de lujo. Empecé a agobiarme, pertenecía a una masa de gente sudada que por un polvo era capaz de ser uno más. Fuí corriendo al baño y me miré al espejo, fíjate cómo iba vestido, fíjate como llevaba el pelo. Entre los gemidos disimulados de alguna pareja en el baño, reparé en que había algo grande, gigante, que fallaba en aquel momento. ¿Qué ocurría mientras yo venía aquí? ¿Qué ocurría mientras yo veía el fútbol? Muchas veces habría preferido estar leyendo, o bebiendome una cerveza y debatiendo con alguien de cualquier tema. ¿Qué cojones hacía aquí? Más importante, ¿Por qué cojones había aquí tanta gente? ¿Nadie de aquí repara en que son mucho más que lo que parecen ahora mismo? ¿Nadie de aquí ha pensado durante horas en el "Pienso, luego existo"? ¿Todos aquí habían caído en el... el Carpe Diem? tan mal utilizado. Creo que se me puso muy mala cara porque en ese momento llegó uno de los amigos con los que venía y me dijo que vaya cara tenía, que nos metiéramos al baño a pintarnos un par de rayas.





Dios. No. Yo tenía que salir de allí. Ni rayas, ni copas, ni camisa, ni flequillo, ni pijas de mierda, ni fachas hijos de puta, ni esta mierda de música.

¿Dónde quedaron los CDs de Yes, de Jethro Tull, que me ponía mi tio?

¿Dónde quedaron los CDs de Eskorbuto, Parabellum y Decibelios que nos ponía a mi y a mi primo mi hermanastro?

¿Dónde quedó aquel concierto de punk de mi ciudad al que me escapé cuando tenía 16 años porque mis padres viejos no me dejaron ir?

Y yo pensaba que había madurado.

Y yo pensaba que todo eso eran tonterías.

Y junto con toda esta gente, había apuñalado todo lo que podría haber sido.

Junto con toda esta gente, me había distraído de mi camino.

Junto con todos ellos, humillaba al ser humano, destrozaba la sociedad.

Pertenecía a un capitalismo agresivo y desenfrenado que solamente quería distraernos a todas horas...

Nunca más volví a pisar un lugar así.